domingo, 16 de diciembre de 2012

Tres horas de bus por el desierto. Salimos muy de madrugada rumbo a Abu Simbel, cuando Ra, el dios del Sol, todavía no había hecho acto de presencia. Nos acomodamos como pudimos para dormitar durante el viaje; algunos lo conseguimos, otros no. Cuando abrí los ojos y corrí la cortina del autobús, me encontré en pleno desierto. Nada más que cúmulos de arena alrededor, y una carretera que la surcaba sin compasión.


 Abu Simbel es un templo construído por Ramsés II; junto a este templo se erige otro (foto) dedicado a su esposa, Nefertiti.
Ambos templos están excavados directamente en la roca.
Cuando se inició la construcción de la presa de Asuán, estos templos iban a ser engullidos por las aguas, así que los desmontaron en trozos y los trasladaron para salvarlos de las aguas. Ahora, los templos tienen unas vistas excepcionales al pantano.
Hay cocodrilos, sí, aunque no vimos ninguno.

¿Véis en la última foto las figuras sedentes?  Todas ellas representan a Ramses II. Una de ellas está rota, presumiblemente desde la misma época de Ramsés II. Según la leyenda, los sacerdotes nunca avisaron al rey de este pequeño "incidente" ya que la ruptura de una representación de uno propio significaba algo muy malo para esa persona. A los pocos meses, Ramsés II murió. ¿Coincidencia?

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